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SEGURIDAD LOGÍSTICA EN CARRETERAS: DEL “RIESGO INEVITABLE” A UNA DISCIPLINA OPERATIVA MEDIBLE

Mover mercancía por carretera en México implica gestionar un riesgo que ya no puede tratarse como un simple “costo de hacer negocios”.

Mover mercancía por carretera en México implica gestionar un riesgo que ya no puede tratarse como un simple “costo de hacer negocios”. La inseguridad impacta tiempos, inventarios, primas de seguro, decisiones de ruta y, en casos críticos, continuidad operativa. Para muchas empresas, el problema no es solo el robo en sí, sino la incertidumbre que introduce en la planeación diaria: cargas que no llegan, ventanas que se rompen, inventarios que se inflan “por si acaso” y urgencias que encarecen toda la cadena.

Las cifras recientes lo confirman. Durante 2024 se registraron más de 15,900 robos al transporte de carga en México, con un incremento cercano al 5% frente al año anterior. Para 2025, los reportes preliminares del sector apuntan a que el ritmo se mantiene elevado, concentrándose principalmente en corredores del centro del país y en mercancías de alto valor como alimentos, bebidas, electrónicos, autopartes y químicos. El impacto económico estimado del robo carretero supera ya los 92,000 millones de pesos anuales, considerando mercancía, unidades, interrupciones operativas y costos asociados.

En un entorno de márgenes ajustados, la seguridad dejó de ser un tema exclusivo del transporte para convertirse en una variable logística integral. El reto es pasar de respuestas reactivas a un sistema preventivo con indicadores, responsables y procesos claros.

De la escolta al sistema: seguridad como parte del diseño logístico

Históricamente, la respuesta típica ante el riesgo fue sumar capas visibles: escoltas, doble operador o rutas “conocidas”. Hoy, las estrategias más efectivas combinan tecnología, procesos y coordinación, porque la amenaza evoluciona y se adapta.

La seguridad moderna se basa en reducir exposición y aumentar control. Eso implica seleccionar rutas por nivel de riesgo, programar ventanas de tránsito que eviten horarios críticos, establecer protocolos estrictos de paradas y habilitar monitoreo en tiempo real. El objetivo no es únicamente evitar incidentes, sino disminuir la variabilidad operativa que generan.

Empresas que han migrado hacia esquemas estructurados de gestión de riesgo reportan reducciones relevantes en eventos y, sobre todo, mayor estabilidad en su operación. El cambio es cultural: la seguridad deja de ser un gasto reactivo y pasa a ser una disciplina integrada al diseño de la red logística.

Cómo se cuantifica el costo real del riesgo

El costo de la inseguridad rara vez aparece completo en un solo renglón financiero. Se dispersa entre primas de seguro, deducibles, mercancía perdida, reprocesos, penalizaciones comerciales y pérdida de confianza del cliente. En muchas organizaciones, un solo evento puede activar una cadena de costos secundarios que multiplican la pérdida inicial: reposición urgente, horas extra en almacén, ajustes de producción y reclamos contractuales.

A esto se suma el impacto en inventarios. Para compensar retrasos o incidentes, muchas empresas mantienen entre 3 y 5 días adicionales de inventario de seguridad. En operaciones de alto volumen, ese colchón puede representar decenas de millones de pesos inmovilizados durante todo el año. Es capital que no rota, espacio que se ocupa y complejidad adicional en la planeación.

Cuando se analiza el problema desde esta perspectiva, queda claro que el robo no es solo una pérdida puntual. Es un impuesto invisible que encarece toda la cadena.

Del monitoreo al control predictivo

Durante años, la seguridad se apoyó principalmente en rastreo GPS. Hoy, las operaciones más maduras avanzan hacia modelos predictivos: combinan historial de incidentes, análisis de rutas, comportamiento del operador y ventanas horarias para anticipar riesgos antes de que ocurran.

Esto incluye geocercas dinámicas, alertas por desviación de ruta, detección de paradas no autorizadas, verificación digital de sellos y validación documental en puntos clave. En esquemas bien integrados, el tiempo de reacción ante un evento puede reducirse de más de 30 minutos a menos de 10, una diferencia crítica cuando se busca recuperación temprana.

La tecnología no sustituye al proceso, pero lo amplifica. Sin reglas claras y responsabilidades definidas, los datos solo generan ruido. Con disciplina operativa, se convierten en una herramienta de prevención real.

El estándar “seguridad 360” y lo que realmente implica

Hablar de seguridad 360 no significa solo tener monitoreo. Implica cubrir el ciclo completo: antes, durante y después del viaje. En la práctica, se traduce en acciones concretas:

Antes del embarque: validación del transportista, revisión de ruta, programación por ventanas seguras, inspección de unidad y sellado controlado.
Durante el tránsito: seguimiento activo, alertas automáticas, comunicación constante y protocolos de contingencia.
Después de la entrega: confirmación de recepción, cierre documental y análisis del viaje para alimentar modelos de riesgo.

Operaciones que integran estas capas de forma consistente han logrado reducciones de incidentes del orden de 20% a 30%, no por una sola acción, sino por la suma de controles. La disciplina, más que el presupuesto, suele ser el factor decisivo.

La seguridad no solo protege la carga, protege la continuidad del negocio

La seguridad logística no se resuelve con una única herramienta. Se construye como un sistema operativo: rutas, protocolos, tecnología, capacitación y coordinación con transportistas. En muchos casos, el mayor valor está en prevenir el evento, pero también en saber responder sin improvisación cuando ocurre.

En logística, lo más caro no siempre es la pérdida del producto, sino la ruptura del flujo. Una carga que no llega a tiempo puede detener producción, romper compromisos comerciales o afectar reputación. La empresa que gestiona la seguridad como disciplina logra operar con menor variabilidad y mayor control.

En un entorno donde el riesgo existe, la ventaja competitiva está en quién lo mide, lo reduce y lo administra mejor.