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MILK RUN: EFICIENCIA LOGÍSTICA CUANDO LA COORDINACIÓN SUSTITUYE AL VOLUMEN

El concepto de Milk Run nació en la manufactura, pero hoy gana relevancia en cadenas de suministro más fragmentadas, más exigentes y más sensibles al costo.

El concepto de Milk Run nació en la manufactura, pero hoy gana relevancia en cadenas de suministro más fragmentadas, más exigentes y más sensibles al costo. En lugar de múltiples entregas directas, una sola ruta consolidada recoge o entrega mercancía en varios puntos siguiendo un horario definido. El cambio parece simple, pero su efecto suele ser estructural: donde antes había viajes aislados, con camiones medio vacíos y ventanas inciertas, ahora hay una red planificada que transforma la logística en un sistema repetible.

La lógica se entiende mejor si se observa el problema que resuelve. Muchas cadenas operan con un “goteo” constante de embarques pequeños: piezas y materiales que salen de proveedores distintos hacia una planta, o pedidos de reposición que van a tiendas o puntos de venta cercanos. Cuando cada embarque viaja por separado, se paga en duplicidad de kilómetros, bajo factor de llenado y variabilidad operativa. El Milk Run reorganiza ese caos en una secuencia: rutas fijas, frecuencias definidas y reglas compartidas. En 2025, esta disciplina se volvió más relevante porque el costo de operar con urgencia se incrementó y el margen para “improvisar transporte” se estrechó.

Menos viajes, más visibilidad, y una operación que deja de adivinar

Uno de los beneficios más claros del Milk Run es la reducción de recorridos redundantes. Al consolidar entregas, se aprovecha mejor la capacidad del transporte y se reducen unidades subutilizadas. En la práctica, el valor no está solo en “hacer menos viajes”, sino en elevar el factor de ocupación y estabilizar la operación. Cuando un vehículo sigue un circuito planeado, la empresa puede anticipar llegadas, organizar recepciones y reducir el ruido operativo que generan múltiples unidades llegando sin patrón.

Por eso el Milk Run suele ser especialmente atractivo en entornos donde antes dominaba el esquema LTL (Less-Than-Truckload), es decir, embarques menores a camión completo. En redes con muchos envíos pequeños, la consolidación reduce costos por unidad y mejora control, porque la carga deja de depender de múltiples salidas descoordinadas. En análisis recientes de mercado se cita que, cuando existe densidad de paradas y coordinación estrecha, los Milk Runs pueden reducir el costo unitario de entrega en rangos del orden de 20% a 40%.

Planeación como requisito indispensable, no como “mejor práctica”

El Milk Run no funciona sin disciplina. Requiere volúmenes relativamente estables, ventanas claras y comunicación constante entre las partes. Cuando estas condiciones no se cumplen, el modelo pierde eficiencia y puede generar retrasos en cascada: un proveedor se retrasa, la ruta se rompe, el último punto recibe tarde y la planta o el centro de distribución termina absorbiendo el daño con horas extra o recepciones fuera de ventana.

La diferencia entre un Milk Run que crea valor y uno que crea fricción suele estar en el gobierno operativo: reglas de cita, tiempos máximos de carga por parada, tolerancias aceptables de retraso, y estándares de documentación. En redes maduras, el Milk Run no se “opera” solo con buena voluntad, se opera con un tablero de control que mide puntualidad, tiempo por parada, nivel de llenado, incidencias y cumplimiento de ventana. Es decir, se vuelve una práctica industrial, no una idea logística.

Cuándo sí conviene, y cómo evitar implementarlo donde no aplica

El Milk Run no es una receta universal. Funciona mejor cuando la red tiene densidad geográfica y repetición, porque su economía depende de la frecuencia. Cuando los puntos están muy dispersos, o la demanda cambia de manera errática, el circuito pierde sentido y se vuelve más caro que una entrega directa. También tiende a fallar cuando el producto exige entregas urgentes no planificables, o cuando los proveedores no tienen madurez para cumplir ventanas.

En 2025, además, el caso de uso se ha extendido más allá de la carretera. En logística interna de plantas y centros de distribución, el concepto se aplica como rutas de abastecimiento repetibles con trenes de arrastre o soluciones intralogísticas. En este entorno se han reportado reducciones de costos operativos del orden de 20% a 40% y recortes de emisiones de CO2 (dióxido de carbono) cercanos a un tercio al reemplazar movimientos punto a punto por rutas tipo Milk Run. Aunque el contexto sea intraplanta, la lección es transferible: la ruta repetible suele ganar al movimiento improvisado.

Más que transporte, es sincronización de la cadena y reducción de inventario “por miedo”

El verdadero valor del Milk Run no está solo en mover mercancía, sino en sincronizar la cadena. Al tener rutas y horarios definidos, se reduce la variabilidad y se facilita la planeación interna. Esto impacta inventarios, recepción, producción y despacho. En manufactura, el Milk Run se alinea con JIT (Just-In-Time) porque permite abastecer con mayor frecuencia y en lotes más pequeños, reduciendo inventario de línea y liberando espacio sin comprometer continuidad.

En redes de distribución, el impacto suele verse en la estabilidad: si la tienda o el punto de entrega recibe a la misma hora, con el mismo circuito, la operación interna se ordena. La empresa deja de “defenderse” con inventario extra por incertidumbre, y empieza a defenderse con planeación. Esto es especialmente valioso cuando el costo real está en la variabilidad: una ruta irregular obliga a crear buffers, genera recepciones caóticas y desencadena decisiones urgentes que encarecen el sistema.

La eficiencia no siempre viene de mover más, sino de mover mejor

El Milk Run demuestra que la logística no siempre mejora con más volumen o más velocidad, sino con mejor coordinación. Su ventaja no es únicamente el ahorro unitario; es la capacidad de volver repetible lo que antes era incierto. Cuando la ruta tiene densidad, el dato es confiable y los actores cumplen ventanas, la eficiencia se convierte en hábito, no en excepción.

Diseñado con disciplina, el Milk Run no es un “proyecto de transporte”. Es una arquitectura operativa que reduce kilómetros redundantes, estabiliza recepciones, mejora el uso de activos y recorta la necesidad de operar en modo urgencia. En 2025, esa estabilidad es una ventaja competitiva tan real como cualquier reducción de tarifa.