CADENA DE FRÍO: CUANDO UNA FALLA LOGÍSTICA SE CONVIERTE EN PÉRDIDA TOTAL
La cadena de frío es una de las operaciones más exigentes de la logística moderna. A diferencia de otros flujos, aquí el error no se corrige con rapidez ni con reprocesos: una desviación térmica puede inutilizar completamente el producto.
La cadena de frío es una de las operaciones más exigentes de la logística moderna. A diferencia de otros flujos, aquí el error no se corrige con rapidez ni con reprocesos: una desviación térmica puede inutilizar completamente el producto. En sectores como alimentos, farmacéutico, biotecnología y cosméticos, la logística no solo mueve mercancía, protege valor. Y en 2025, ese valor es cada vez mayor, porque crece el volumen de productos sensibles a temperatura y la complejidad regulatoria que los acompaña.
La escala del fenómeno ayuda a dimensionar la presión. Reportes de mercado estiman que el mercado global de cadena de frío fue valuado en 385.36 mil millones de dólares en 2025, con expectativas de crecimiento acelerado en los próximos años. En México, la logística de cadena de frío también muestra expansión: estimaciones de mercado ubican el tamaño del mercado mexicano de logística de cadena de frío alrededor de 7.04 mil millones de dólares en 2025 y 7.37 mil millones en 2026, lo que confirma una demanda creciente por almacenamiento y transporte refrigerado.
El reto es que crecer en cadena de frío no es solo “tener refrigeración”. Implica sostener un sistema completo donde temperatura, evidencia documental y tiempos de ejecución se cumplan sin variabilidad. En auditorías, disputas comerciales y cumplimiento sanitario, lo que no se registra con precisión, en la práctica, “no existió”.
Temperatura, tiempo y trazabilidad: una ecuación inseparable
Mantener una temperatura objetivo no es suficiente si no puede demostrarse. La cadena de frío moderna exige control continuo, registro histórico y capacidad de respuesta inmediata ante desviaciones. Esto se vuelve más crítico porque los rangos de temperatura no son un detalle técnico: definen si un producto sigue siendo seguro, eficaz o vendible. Por eso, el control térmico se mide en minutos y la trazabilidad se mide en evidencia.
En la práctica, un producto “dentro de rango” pero sin datos verificables es tan riesgoso como uno que se expuso a condiciones incorrectas. La consecuencia es operativa y financiera: cuarentenas, retención de inventario, reinspecciones, reetiquetados y, en algunos casos, destrucción preventiva. No es casual que el mercado de monitoreo de cadena de frío esté creciendo con fuerza: proyecciones de industria estiman que el mercado global de monitoreo de cadena de frío pasará de 8.31 mil millones de dólares en 2025 a 15.04 mil millones en 2030, impulsado por sensores, registradores de datos, telemática y herramientas de visibilidad.
El costo real de una ruptura térmica
Cuando ocurre una falla, la pérdida no se limita al valor del producto. Aparecen costos adicionales: destrucción, reprocesos, logística inversa, reclamaciones contractuales e incluso sanciones regulatorias. En productos de alto valor unitario, un solo evento puede representar pérdidas equivalentes a semanas o meses de operación, especialmente cuando se trata de lotes completos o mercancía exportable que no puede revalidarse con facilidad.
Además, la cadena de frío suele ser más cara que una cadena en seco. Un análisis de EY (Ernst & Young) sobre la cadena de frío en México señala que los costos logísticos de cadena de frío se ubican típicamente entre 15% y 20%, es decir, al menos 3 a 8 puntos porcentuales por encima de una cadena de suministro en seco, justamente por el costo de mantener condiciones controladas y evitar pérdida de calidad. Este diferencial importa porque, cuando el control falla, no solo se pierde producto: se pierde una estructura de costos ya más alta por diseño.
Dónde se concentra realmente el riesgo en la cadena de frío
La experiencia operativa muestra que las fallas no ocurren de forma aleatoria. Se concentran en momentos específicos del flujo logístico, donde la exposición al riesgo aumenta de manera natural y donde la disciplina operativa pesa más que cualquier tecnología aislada.
El primer punto crítico suele ser carga y descarga. Cada apertura de puerta genera intercambio térmico inmediato. En climas extremos, minutos de exposición pueden elevar la temperatura interna del área de carga lo suficiente para disparar alertas o comprometer productos sensibles. Por eso, el riesgo no se gestiona “con cuidado”, se gestiona con procedimientos: tiempos máximos de puerta abierta, rutas internas definidas, staging refrigerado y personal entrenado para operar sin pausas innecesarias.
El segundo punto vulnerable es el almacenamiento temporal y las zonas de espera. En operación real, muchos incidentes no ocurren en el trayecto principal, sino en el “entre” de la operación: mercancía que llega antes de tiempo, saturación en cámaras, pasillos usados como buffers o áreas que no fueron diseñadas para mantener temperatura. Ese inventario en espera suele convertirse en un punto ciego si no está monitoreado con la misma rigurosidad que la cámara principal.
El tercer punto es el transbordo, especialmente cuando hay cambios de unidad o de custodia. Cada transferencia incrementa la probabilidad de error: puertas abiertas más tiempo del previsto, equipo sin precooling, retrasos por documentación o coordinación deficiente entre operadores. A diferencia de una cadena en seco, donde un retraso puede resolverse con un ajuste, en cadena de frío un retraso puede ser directamente pérdida de valor.
El cuarto punto es la última milla, donde la variabilidad se dispara por tráfico, múltiples paradas y aperturas frecuentes. En entregas urbanas, el control operativo es más complejo que en tramos largos, porque hay más eventos por ruta. En alimentos y e-grocery, esta fase se vuelve decisiva para la experiencia del cliente, pero también para la merma: es donde se rompe el control si la operación no está diseñada para sostener el rango térmico durante toda la secuencia de entrega.
Tecnología como respaldo, no como sustituto
Sensores, monitoreo en tiempo real y alertas automáticas reducen el tiempo de reacción ante una desviación. Sin embargo, la tecnología solo funciona cuando está integrada a procesos claros y responsabilidades definidas. Una alerta sin protocolo es solo una notificación; un dato sin decisión es solo registro.
Las operaciones más maduras usan la información térmica no solo para reaccionar, sino para prevenir. Ajustan rutas, tiempos de carga, secuencias de entrega y mantenimiento de equipos con base en patrones históricos. En un contexto donde la infraestructura también importa, la modernización del transporte refrigerado se vuelve un tema estructural: en México, se ha reportado que la edad promedio de la flota de transporte refrigerado ronda 19 años, lo que se traduce en menor eficiencia, mayor probabilidad de fallas y mayores riesgos para la continuidad térmica. Ese dato es relevante porque subraya un punto: la cadena de frío es tan robusta como su eslabón más frágil, y ese eslabón muchas veces es el equipo.
Cuando la temperatura decide el valor del producto
En la cadena de frío, la logística no acompaña al producto, lo preserva. Cada decisión operativa tiene consecuencias directas sobre el valor comercial y la viabilidad del embarque. Y conforme la demanda crece, también crece el costo del error: más volumen, más auditoría, más sensibilidad del mercado a fallas visibles.
Las empresas que invierten en visibilidad, disciplina y control no solo reducen mermas, también fortalecen su posición frente a clientes y autoridades. En mercados sensibles, la confiabilidad logística se convierte en un activo estratégico: no se nota cuando funciona, pero define quién puede escalar sin convertir cada embarque en un riesgo.
