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¿Cómo pasamos del TLCAN al T-MEC?

miércoles, 29 enero, 2020

En la década de los noventa, el gobierno mexicano tocó la puerta de Estados Unidos y Canadá para integrarse en una sola área de libre comercio, capitalizar la rentabilidad de la mano de obra mexicana y hacer de América del Norte la región más competitiva del mundo. 

Carlos Salinas de Gortari, George H.W. Bush y Brian Mulroney designaron un equipo para negociar las reglas del juego del comercio regional. 

El resultado es considerado uno de los mayores éxitos de liberalización económica en el mundo: casi tres décadas después de que se firmó el TLCAN, el volumen anual de intercambio comercial entre México, Estados Unidos y Canadá supera el benchmark del billón de dólares. 

El sector exportador de la economía mexicana, que está conectado a las cadenas de valor de América del Norte, genera, por mucho, el mayor crecimiento y empleos mejores pagados del país. 

Sin embargo, todos los tratados de libre comercio producen ganadores y perdedores. La clase trabajadora de Estados Unidos quedó marginada del proceso de globalización que enriqueció a compañías multinacionales y benefició a millones de consumidores en la región TLCAN. 

Y en el 2016, la presión política llegó a un punto de implosión. Donald Trump asumió el poder bajo la promesa de restaurar los privilegios económicos de los trabajadores americanos, que sólo eran posibles bajo el modelo proteccionista que colapsó en la década de los setenta. 

Trump llegó a la Casa Blanca en gran medida gracias a que denunció al TLCAN como “el peor tratado comercial en la historia”. En su primer mes como presidente, amenazó con suspender el acuerdo, provocando una crisis de confianza en México que llevó el tipo de cambio al límite de los 21 pesos por dólar. 

México y Canadá fueron llamados a la mesa de negociación y comenzó una larga discusión para sustituir al TLCAN con el T-MEC. Los tres cambios más importantes respecto al tratado anterior están relacionados con la ampliación de derechos laborales en México, con un nuevo mecanismo de resolución de disputas y con un incremento sustancial en las reglas de contenido de origen de las industrias automotriz y siderúrgica. Las modificaciones finales se firmaron a finales de 2019 en la Ciudad de México. 

El 16 de enero, el Senado de Estados Unidos aprobó el T-MEC con 89 votos a favor y 10 en contra. El Partido Republicano respaldó la iniciativa emblema del presidente Trump en materia comercial de manera absoluta.

No obstante, todos los votos disidentes fueron de senadores del Partido Demócrata, incluido el de uno de los candidatos más fuertes de la oposición rumbo a la carrera presidencial del 2020: Bernie Sanders.

A pesar de ello, el T-MEC es respaldado por figuras clave de la izquierda americana como Nancy Pelosi, la vocera de la Cámara de Representantes, y como Elizabeth Warren, la candidata progresista de la primaria demócrata. 

El T-MEC ya pasó la aduana legislativa más importante, la del Congreso americano. La implementación del acuerdo es prácticamente un hecho. 

Y con ello, América del Norte ratifica su status como el área de libre comercio más competitiva del mundo.